Black Friday, ¿dos por uno en estética?

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Black Friday, ¿dos por uno en estética?

Si en algo se percibe la globalización occidental es en las tendencias de consumo, en el más amplio sentido de la palabra.  Objetos, comida, bebida, visitas turísticas, libros, series, hasta experiencias… Todo hoy  consume, a veces demasiado rápido, en un ritmo, advierten pensadores y sociólogos, que nos ayuda a olvidar no sólo los problemas diarios sino el vacío existencial.

No, no vamos a abordar cuestiones filosóficas en esta página, pero sí  a reflexionar sobre el difuso límite que separa la salud y el consumo, el paciente y el cliente, en el sector de la estética.

Black Friday en estética, un debate a la orden del día

En esta semana, la del importado Black Friday con el que se crean necesidades de consumo previas a la Navidad, con la excusa del ahorro, se reabre como cada año el debate. Algunos profesionales en particular y algunas asociaciones en general vienen mostrando su desacuerdo con las ofertas de dos por uno, los descuentos y los reclamos publicitarios que consideran excesivos cuando de medicina se trata.

Otros, en cambio, han decidido, en este 2020 más que nunca, tras el cese de la actividad durante el confinamiento y las restricciones posteriores, tratar de atraer a personas a sus centros por primera vez o de que los que hace tiempo que no vuelven lo hagan de nuevo.

En ambos casos, si se trata de un centro privado, existe el derecho de  cada gestor de  llevar a cabo la política comercial que considere mejor para su clínica, teniendo en cuenta quienes son los que la visitan. Otro tema es cuando esos reclamos se realizan desde negocios, en el más estricto sentido de la palabra, donde  los profesionales no tienen la cualificación necesaria y en los que se ignoran los protocolos médicos a seguir. Donde, en definitiva, se ejerce el intrusismo o se realiza mala praxis.

La cirugía estética, al tratarse de un acto médico quirúrgico quizá podría ser tratada aparte puesto que no está exenta de riesgos, como cualquier operación que se realiza en quirófano. Además, no siempre hablamos de intervenciones que se solicitan por motivos frívolos. (Por otro lado ¿quién puede etiquetar las razones de alguien para querer cambiar de físico?). Muchas personas lo hacen con el deseo de mejorar, sea cual sea su motivación íntima, absolutamente respetable. Otras para poner fin a un complejo que les persigue y que les impide desarrollarse personal y socialmente como les gustaría.

En este caso, más allá de estas cuestiones, es importante por la salud del paciente y por el éxito de los resultados, que los medios, los profesionales y los procedimientos sean los adecuados. Entonces, si rebajamos los precios de una rinoplastia, una operación estética de nariz, ¿de dónde sale el ahorro? Es posible que en algún punto de la cadena exista algo que no tenga la calidad que debería, y en salud, eso no se puede permitir porque hay vidas en juego.

Otro asunto es la medicina estética, cada día más popular, accesible y más demandada, debido a que ofrece buenos resultados, no tan duraderos, para problemas, sobre todo, de envejecimiento facial. Hablamos de un peeling, unas sesiones de radiofrecuencia facial, tratamientos de mesoterapia… En este ámbito parece más viable ofrecer una promoción, un descuento, una rebaja, reduciendo algunos márgenes, sin que afecte a la calidad del resultado y a la salud del cliente.

Por lo demás, al final, el paciente, también cliente, tiene la última palabra y no sólo elige por el precio. Por supuesto, los resultados son lo primero, pero también el estilo del negocio, el trato personal, muchos factores cuentan y entre ellos, por supuesto, la línea comercial.

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